miércoles, 21 de febrero de 2018

Visita a Masada, la fortaleza de Herodes en el Mar Muerto

Después de atravesar el desierto de Judea, al final de la carretera 90 que transcurre en paralelo al Mar Muerto, de repente ves en el horizonte una meseta sobresaliente de 450 metros de altura y una fortificación en su cumbre. Esta estampa que impresiona a simple vista es la Fortaleza de Masada, construida por Herodes en la zona oriental del desierto de Judea y a poca distancia del Mar Muerto, una ubicación que la convertía casi en inexpugnable.

Ruinas de algunas de las construcciones de Masada y el Mar Muerto de fondo
Fortaleza de Masada con el Mar Muerto al fondo

La historia de Masada

La impresionante ubicación de esta fortaleza es también poseedora de una historia memorable y símbolo de heroísmo de los judíos. Construida en el año 30 a.C. a petición del rey Herodes, fue durante mucho tiempo objeto de deseo de los romanos por su magnífico emplazamiento en lo alto de un promontorio rocoso.

Allí habitaron durante décadas y formaron una ciudadela que se autoabastecía de recursos como el agua con avanzados métodos de recogidas y almacenamiento en cisternas o de alimentos mediante huertos. El resto de alimentos los guardaban en grandes habitaciones que hacían de almacenes, teniendo capacidad para guardar provisiones que cubrían necesidades de hasta 7 años.

Durante la primera guerra judeo-romana, un grupo de la secta hebraica se hizo fuerte en Masada y desafió a Roma. Las tropas del Imperio Romano, enviadas por el emperador Lucio Flavio Silva se dirigieron al lugar con el objetivo de hacerse con la fortaleza y comenzaron el asedio, primero estableciendo varios campamentos a los pies de la montaña y posteriormente, construyendo una rampa de más de 100 metros (con esclavos, por supuesto) que debía llevarlos hasta los pies de la muralla. Tras muchos meses de asedio y cuando los judíos que habitaban en la fortaleza vieron que la derrota era inminente, decidieron emprender una iniciativa épica: un suicidio colectivo.

Marta de espaldas mirando las vistas desde el funicular que sube a Masada

Yo leyendo el folleto de información que te dan mientras subimos en el funicular a Masada
Leyendo atentamente la historia de Masada en el funicular

Este suicidio colectivo se llevó a cabo mediante un sorteo en el que se decidió que los hombres debían matar cada uno a toda su familia y posteriormente, se eligieron a diez de ellos para quitarle la vida al resto. Finalmente, uno de ellos debía matar a todos los hombres de la comunidad, quedando este último como último hombre vivo y finalmente suicidándose. Así, cuando las tropas romanas por fin consiguieron traspasar las murallas de Masada, se encontraron con un montón de cadáveres a los que por supuesto, no podían esclavizar. ¿¡Me diréis que esta historia no es genial!?

Cómo subir a Masada

Y si la historia os ha parecido interesante, no lo es menos la visita a Masada. Para acceder a lo alto de la meseta tienes tres vías, y aunque la más habitual es llegando desde la carretera que discurre a orillas del Mar Muerto, que da acceso a dos de los posibles accesos a la fortaleza, te describo el resto de opciones:

A. Caminando, por el camino Derej HaNajash, también conocido como el Camino de la Serpiente (llamado así por lo sinuoso de su trazado), situado en el lado oriental de la montaña. Se tarda alrededor de una hora, pero ten en cuenta que es una subida constante y pronunciada por lo que llegarás bastante cansado a la cima.

B. Camino de la Roca Blanca o camino de la Rampa, en el lado oeste del parque o para que resulte más visual, el que llega por el lado opuesto al Mar Muerto pasando vía Arad. Este camino es sobre el cual fue construida la rampa de acceso que utilizó el ejército romano para el asalto final a la fortaleza.

C. A través del teleférico, que es la vía que utiliza prácticamente todo el mundo, almenos para subir. Puedes comprar la entrada y subir al telecabina en el Centro de Visitantes de Masada.


Nosotros utilizamos esta vía para subir y bajamos por el Camino de la Serpiente, en algo más de 30 minutos hasta el aparcamiento.

Yo posando para una foto con las vistas del Mar Muerto de fondo
Ya estábamos arriba y...qué vistas!!

Qué ver en Masada

Masada es un lugar que impresionante desde el primer momento que se te aparece en el horizonte. Una vez arriba, la magnitud de la fortaleza hace que no decaiga la emoción. Masada es sin duda, uno de los lugares más espectaculares de Israel.

Cuando entras por la puerta de la fortaleza encuentras ya las primeras construcciones, como la oficina del general, que se encargaba de revisar todas las mercancías que llegaban o los almacenes, donde guardaban provisiones para poder subsistir hasta siete años sin tener que salir de allí.

Imagen panorámica de la fortaleza de Masada y sus ruinas, con el Mar Muerto de fondo
Panorámica de la Fortaleza de Masada

Pero si avanzas un poco, te encuentras con uno de los lugares más impresionantes del recinto: el palacio del rey Herodes, que fue construido en tres niveles y con unas vistas privilegiadas de la zona, con el desierto de Judea y el Mar Muerto de fondo. Por aquellos tiempos servía para controlar a todo el que se acercaba desde muy lejos y hoy sencillamente puedes obtener unas vistas inigualables del Mar Muerto. ¡Hasta a un novato como yo podrías hacer fotos espectaculares aquí!

Otras zonas de interés son los baños romanos, pequeñas habitaciones que conservan algunos mosaicos y murales de la época. Algunas pequeñas iglesias y construcciones se dispersan por todo el terreno.
Imagen de las ruinas de Masada con las montañas de Judea de fondo
Las ruinas de Masada te dejan impresionado

Pero una de las cosas que más me gustó de Masada fue conocer su sistema de autoabastecimiento de agua. Este estaba basado en un sistema de recogida del agua de la lluvia y posterior almacenado en unas cisternas, algunas de tamaño descomunal, que daban cabida a una cantidad enorme de agua.

Ya veis, Masada os sorprenderá por su historia y os dejará unas vistas inolvidables así que, si tenéis la oportunidad, marcadla en vuestro libro de ruta y seguro que saldréis de allí tan impresionados como nosotros.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Visita a Belén (desde Jerusalén), cuna de la religión cristiana

Pese a formar parte de los territorios palestinos, Belén se encuentra a escasos 10 km. a las afueras de Jerusalén y suele ser una de las visitas más comunes cuando visitas la ciudad israelí.

Yo mirando hacia el Muro que separa Israel de Palestina
El muro que separa Israel de Palestina

Seas o no religioso, Belén tiene 3.400 años de antigüedad y es la cuna del cristianismo, el lugar donde nació Jesús y la capital mundial de la Navidad, y todo eso la convierte en una ciudad cargada de simbolismo. Pero eso contrasta de primeras en cuanto cruzas el muro que la separa de su enemigo íntimo. Estás ante una ciudad con enorme influencia árabe, desde sus carteles, sus calles, la conducción de los coches hasta la manera de actuar de su gente. La diferencia con Jerusalén se observa desde el primer paso en territorio palestino y eso, pensando en Belén como el lugar que vio nacer el cristianismo, me llamó la atención.

El centro neurálgico de la ciudad de Belén es la Manger Square. Allí encontrarás la oficina de turismo donde podrás informarte de todo lo que quieras saber sobre la ciudad y el resto de territorios palestinos, así como restaurantes, cafés y un buen puñado de tiendas de souvenirs. Pero lo que de verdad resulta curioso de esta plaza es mirar a ambos lados. A mi derecha tenía la Mezquita de Omar, templo para los musulmanes, y a la izquierda, con un simple giro del cuello, la Basílica de la Natividad, el lugar en el que, según la tradición cristiana, nació Jesús y que hoy comparten católicos, ortodoxos griegos y apostólicos armenios que se turnan para rezar.

Manger Square con el árbol de Navidad y la Mezquita de Omar al fondo
Manger Square y su árbol de Navidad

Me dirijo a la puerta de la Basílica de la Natividad y de nuevo me sorprendo. Me habían hablado de la humildad de este templo al que peregrinan miles de fieles cada año, pero me sorprende encontrarme como entrada una pequeña abertura en la roca en la que me tengo que agachar para poder entrar. Nos explican que tiene un doble significado; agacharse antes de entrar a la Basílica de la Natividad es un signo de reverencia, pero además servía para que los infieles no pudiesen entrar a caballo.

Ya dentro del templo, una larga cola muestra el camino hacia la Gruta de la Natividad, lugar en el que se encontraba el portal de Belén o lo que es lo mismo, el punto exacto donde tuvo lugar el nacimiento de Jesús. De nuevo una estrecha abertura y unos escalones empinados te conducen hasta el lugar que todo el mundo quiere ver. Allí, a un lado está la estrella de 14 puntas incrustada donde estaba el portal de Belén y a su lado van pasando fieles uno tras otro para tocarlo o besarlo. Yo lo observo con respeto y una enorme curiosidad, pero desde la distancia (emocional, porque la gruta es un zulo de cinco metros cuadrados). Al otro lado, la Capilla del Pesebre, el lugar donde supuestamente el Niño Jesús fue depositado al nacer.

Basílica de la Natividad y al fondo su pequeña puerta de entrada
Entrada a la Basílica de la Natividad 

Estrella marcada en el suelo que indica el punto donde nació Jesús
En este punto exacto se dice que nació Jesús

Ya fuera de la Basílica, observo conmovido el templo, para mi lo más impactante de la visita. La Basílica de la Natividad es una muestra de belleza basada en la sencillez, la decadencia y en la ausencia de alardes que hace cuestionarme como puede ser más complicado mantener en pie el lugar donde nació Jesús que cualquier otra iglesia del mundo. La respuesta es de una dolorosa obviedad.

Si te alejas un poco del centro de la ciudad puedes completar tu visita a Belén con otros lugares simbólicos para el cristianismo como la Gruta de la Leche, el lugar donde se dice que cayó una gota de leche de la Virgen mientras amamantaba a Jesús y, la capilla del Campo de los Pastores, punto en el que según la Biblia, un ángel le anunció a un grupo de pastores la llegada del Mesías.

Pero mi interés radicaba ahora en el Muro y eso mismo le transmito al taxista que nos esperaba para llevarnos de vuelta a Jerusalén.

Recorriendo el Muro de la Vergüenza

Preguntamos al conductor si conocía los grafitis de Bansky o si sencillamente conocía algún tramo del muro que fuese más reseñable. Queríamos ver de cerca y recorrer una parte del muro que separa a israelís y palestinos, que corta el conflicto de la manera más cruda posible. El conductor, amabilísimo, nos dijo que no conocía nada de Bansky, pero inmediatamente paró a varios policías que encontramos por el camino preguntándoles al respecto. Los policías, igualmente amables, le señalaban la dirección que debía tomar.

Muro sin dibujos, solo gris y frío, que marca justo la frontera entre los dos países
Frontera entre Israel y Palestina

Sí, es 'solo' un muro, pero es imposible permanecer ajeno al conflicto palestino-israelí y resulta sencillo mostrar algo de empatía hacia un pueblo al que tienen literalmente cercado por un muro infranqueable de ocho metros altura. Sin entrar en valoraciones políticas, pues no me corresponde, es obvio que levantar un muro para separar a dos pueblos no es la mejor de las medidas y tengo muchas dudas de que sea la mejor manera de construir la paz.

Dibujo de la cara de Leila Khalid, luchadora pro derechos humanos en el Muro que separa a alos dos países

Dibujo de medio cuerpo de Trump y la cara tachada como protesta


Nuestro conductor nos llevó por varios tramos, parando dónde le indicábamos para ver algunos puntos donde el arte del grafiti alcanzaba su máxima expresión. Hay tramos sin pintadas, en las que solo puedes ver una pared gris ante ti, fría y contundente. Otros tramos, sin embargo, son verdaderas obras de arte, con dibujos que despiertan emociones y que tratan de transmitir el sentimiento de un pueblo. En ese momento la lluvia hizo acto de presencia, forzando nuestra retirada hacia el taxi que nos conduciría de vuelta a Jerusalén.

Yo al lado del muro quedado patente la altura de éste, de 8 metros en total


Caminar al lado de esa mole nos hizo sentir diminutos y no la puedo calificar como una de las cosas más agradables que haya hecho, pero ayuda a poner los pies en el suelo y es que, los muros no unen y únicamente ayudan a que la distancia entre unos y otros sea cada vez más grande.

Cómo ir a Belén desde Jerusalén

Las opciones para visitar Belén desde Jerusalén son varias y cada uno puede elegir la que se adapte mejor a sus necesidades, pero por resumir, y teniendo en cuenta que si vas en coche de alquiler no podrás cruzar el paso fronterizo entre Israel y Palestina, hay dos formas comunes de ir:

1. En transporte público: Nos informamos al respecto y al final declinamos esta opción únicamente por comodidad y porque tampoco pensamos que fuésemos a experimentar algo mucho más auténtico que haciéndolo en un taxi. pero es algo muy personal y si preferís usar este medio, la estación de autobuses está justo delante de la puerta de Damasco, en la ciudad vieja de Jerusalén. Una vez allí tienes dos opciones. La primera es coger el autobús número 21, que va directamente hasta la ciudad palestina y te deja justo al lado de la Iglesia de la Natividad, con una breve parada en el checkpoint. La otra opción es coger el autobús número 234 que te dejará justo frente al muro en un cuarto de hora, pasar el checkpoint y una vez en territorio palestino, decidir si coges uno de los taxis que esperan en la puerta o recorrer los poco más de 2 kilómetros hasta la Iglesia de la Natividad.

2. En taxi: Nos decantamos por esta opción por una mera cuestión de simpleza y porque se adaptaba mejor a lo que buscábamos. Es algo más caro, pero la diferencia de precio no es ni mucho menos significativa y a cambio, coges un taxi en cualquier sitio, nosotros llamamos desde el hotel y cruzas el mismo checkpoint llegando en poco tiempo a Belén y la Iglesia de la Natividad. Cuando acabes de ver lo que quieres, taxi de vuelta (puedes pactar y que te espere el mismo taxista) al que nosotros le pedimos que nos llevase a rodear parte del muro para ver los grafitis que hay en él pintados. Esto, por ejemplo, es imposible hacerlo con el autobús.

Nota importante: Pese a todo lo que puedas leer o pensar antes de cruzar el muro, ten en cuenta que para cruzar de Israel a Palestina no te van a pedir absolutamente nada, ni siquiera al taxista, ya que según nos dijo nuestro conductor, los israelís pueden entrar tranquilamente a Palestina. Sin embargo, para la vuelta es posible que te paren brevemente para solicitar la documentación del taxista y de los pasajeros, aunque lo tienen todo bastante controlado y rápidamente se dan cuenta que eres un viajero y en muchos casos incluso se saltan este paso. Así que tranquil@s, cruzar el muro, más allá de los sentimentalismos que este despierta, será una acción muy rutinaria.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Visita a Cesárea, el yacimiento arqueológico más impactante de Israel

A medio camino entre Tel Aviv y Haifa, en menos de una hora llegas al Parque Nacional de Cesárea, una ciudad construida por Herodes el Grande en el Siglo I a.C. y bautizada así en honor al emperador César Augusto. La ciudad de Cesárea (también conocida como Caesarea Marítima, Caesarea Palestina o simplemente, Cesárea), fue una notoria ciudad portuaria durante las eras romanas y bizantina, como indica la historia de Sebastos, nombre por el que se conocía al puerto de la ciudad y que, por aquel entonces era el más grande de la costa este del Mar Mediterráneo. Durante siglos, la ciudad de Cesárea fue testigo del paso y la conquista por parte de personajes de la talla de Saladino o Ricardo Corazón de León, que la reconquistó varios años después.

Anfiteatro romano de Cesarea visto desde el escenario
Anfiteatro romano de Cesárea

Y entre tanta historia, resulta imponente pasear por encima de la arena de esta ciudad. Merece la pena recorrer su hipódromo o sentarse a observar el mar en el anfiteatro, probablemente la construcción mejor conservada y en la que aún hoy se hacen conciertos y obras de teatro al aire libre, y que deja patente la importancia de Cesárea en el imperio romano.

Siguiendo el camino llegarás al palacio de Herodes, en una ubicación privilegiada, prácticamente colgando sobre el Mediterráneo. Pese a que lo que queda de palacio son tan solo unos pequeños vestigios, puedes hacerte a la idea de lo idílico de su situación. Precisamente en la entrada a la estructura del antiguo palacio, encontrarás uno de los objetos más apreciados del parque nacional y uno de los momentos culminantes de la visita a Cesárea; la piedra de Pilatos, el único objeto arqueológico encontrado que hace referencia en sus inscripciones a la existencia de Poncio Pilatos, quien ordenó la crucifixión de Jesús. Lo que verás allí es una réplica exacta de la piedra original, que actualmente se encuentra en el Museo de Israel, en Jerusalén.

panorámica de cesárea con su plaza para las carreras de cuádrigas y el mar al lado
Panorámica de Cesárea

Desde allí podrás ver el  hipódromo, otra construcción de la que queda algún vestigio que te permiten hacerte a la idea del tamaño de Cesárea antaño, llegando a dar cabida hasta a 15.000 espectadores que se deleitaban con  las carreras de cuadrigas.

Si sigues caminando, de repente tendrás la sensación de teletransportarte a la época bizantina tan solo dando unos pocos pasos, cuando encuentres las murallas exteriores y puertas de acceso que rodean la ciudad. Estas murallas fueron construidas durante la época de Los Cruzados y rodeaban los barrios residenciales de la ciudad, con una longitud de 2,5 km.

Cesárea con el mar a su izquierda

Una de las cosas más impactantes de la visita al Parque Nacional de Cesárea es justamente ese contraste que produce ver las construcciones romanas rodeadas por las murallas bizantinas, una imagen de lo más singular y signo de identidad claro de la ciudad de Cesárea, que albergó a personajes y pueblos de lo más diverso.


El acueducto de Cesárea


acueducto visto desde la orilla
Acueducto de Cesárea junto al mar

Una vez hayas acabado la visita a la ciudad de Cesárea, puedes desplazarte unos kilómetros al norte, donde encontrarás el acueducto romano que suministraba agua a la ciudad procedente del Monte Carmelo. La visita merece la pena, tanto por su valor histórico como por la estampa que deja, situado a escasos metros del mar y trascurriendo en paralelo a una larga playa en la que, si el tiempo acompaña, podrás darte un baño lleno de historia en aguas del Mediterráneo.